Y el camino para las elecciones Primarias

Ian Cardenas

En los últimos procesos del partido, las encuestas se convirtieron en la marca de la casa para Morena al momento de elegir a sus candidatas y candidatos. La idea original tenía mucho sentido: evitar los dedazos del pasado y saltarse las asambleas a puerta cerrada que tantas veces terminaban en actos violentos.

En los últimos procesos del partido, las encuestas se convirtieron en la marca de la casa para Morena al momento de elegir a sus candidatas y candidatos. La idea original tenía mucho sentido: evitar los dedazos del pasado y saltarse las asambleas a puerta cerrada que tantas veces terminaban en actos violentos.

Sin embargo, con el paso del tiempo y el crecimiento del movimiento, el método ha mostrado claros signos de desgaste. Cada vez que se anuncian resultados, surgen las mismas dudas: ¿a quién le llamaron?, ¿por qué tal aspirante quedó fuera?, ¿cómo se contaron las respuestas? Cuando la desconfianza aparece, la militancia se desanima y los aspirantes terminan en tribunales o rompiendo con el partido, en algunos casos.

Frente a esto, cabe preguntarse: ¿no sería más sano y transparente regresar al voto directo en las urnas a través de una elección primaria? Lejos de ser una idea descabellada, la historia de nuestro país y la experiencia de otros países demuestran que abrir las urnas une más de lo que divide.

La encuesta: una foto del momento, no un voto real

Para entender por qué las encuestas generan tanta fricción, basta mirar cómo funcionan:

Es una muestra, no la voz de todos: Una encuesta le pregunta a un grupo representativo de personas (a veces mil o mil doscientas en todo un estado), pero deja al resto de la militancia y simpatizantes esperando a ver si de pura casualidad les tocan a la puerta o les entra una llamada.

Empates técnicos difíciles de explicar: Cuando dos aspirantes están muy parejos, la diferencia real queda dentro del margen de error estadístico. En ese punto, la decisión final recae en comisiones internas, lo que inevitablemente despierta sospechas de favoritismo o «dedazo técnico».

Guerra de espectaculares: Como la encuesta premia a quien es más conocido, los aspirantes llenan las calles de anuncios espectaculares y redes sociales de publicidad, en lugar de convencer a la gente con propuestas en las plazas públicas.

Una elección primaria, en cambio, cambia las reglas del juego: el militante deja de ser un espectador pasivo y vuelve a ser el protagonista con su boleta en mano.

Cuando Puebla votó en 1998: la urna vence al dedazo

Aunque hoy parezca algo lejano, en Puebla existe un antecedente histórico fascinante que demostró el poder de las urnas.

En 1998, el partido gobernante enfrentaba una de sus sucesiones más tensas. Desde el gobierno saliente de Manuel Bartlett se impulsaba con fuerza la figura de su secretario de Finanzas, José Luis Flores. Sin embargo, en las bases y los municipios la gente quería al senador Melquíades Morales.

El riesgo de una fractura era inmenso. La solución fue abrir el proceso a una consulta directa en casillas: se instalaron urnas en todo el estado para que la gente votara libremente. El resultado fue contundente: cientos de miles de poblanos salieron a participar y Melquíades Morales ganó con una claridad tan aplastante que el aparato oficial tuvo que reconocer la derrota sin chistar.

¿Cuál fue la lección? Que contar boletas una por una, con representantes de cada equipo vigilando la mesa, mata cualquier sospecha. La candidatura salió con tanta fuerza y legitimidad que arrasó en la elección constitucional. Si Morena aplicara hoy ese mismo principio en Puebla —desde la gubernatura hasta los 217 municipios—, se terminarían las tensiones y el descontento que suelen dejar las encuestas cerradas.

¿Cómo lo resuelven en el sur? Los ejemplos de Uruguay y Chile

Recientemente tuvimos la oportunidad de mirar lo que han hecho fuerzas progresistas y de izquierda en América Latina en el Congreso de Uruguay, confirmando que las primarias son el camino más maduro para elegir representantes.

Uruguay: elecciones internas en fiesta cívica

En Uruguay, desde 1996, existe una ley muy clara: el último domingo de junio de cada año electoral, todos los partidos deben celebrar elecciones internas el mismo día.

Las organiza la Corte Electoral (su equivalente al INE), garantizando total imparcialidad. El Frente Amplio, la gran fuerza de izquierda uruguaya, define ahí sus candidaturas presidenciales. La ciudadanía acude con normalidad a las casillas, se cuentan los votos frente a todos y, cuando cae la noche, el ganador y el perdedor se dan la mano en la misma tarima. No hay lugar para pleitos ni acusaciones de trampa.

Chile: primarias legales y reglas claras

En Chile, el Servicio Electoral (Servel) organiza primarias oficiales para los pactos que decidan inscribirse.

Tienen una regla de oro: quien pierde la primaria, queda legalmente inhabilitado para competir por fuera o como independiente en esa misma elección. Esto evita las deserciones por berrinche.

En 2021, la coalición Apruebo Dignidad (el Frente Amplio chileno y el Partido Comunista) resolvió su candidatura presidencial en las urnas bajo este esquema legal. Se movilizaron casi dos millones de votantes y el triunfo incuestionable de Gabriel Boric en esa primaria fue el cimiento de la unidad que meses después lo llevó a la presidencia.

Hacia la maduración democrática de la selección interna

Las encuestas cumplieron un papel de contención pragmática durante la etapa de rápido crecimiento de Morena. Sin embargo, en un entorno de hegemonía territorial extendida, delegar el poder de decisión a muestras estadísticas cerradas desgasta el pacto con las bases.

Tanto la memoria política de Puebla en 1998 como las legislaciones electorales de Uruguay y Chile evidencian que el voto directo no fragmenta: ordena. Adoptar primarias institucionalizadas —arbitradas por el INE o los organismos públicos locales (como el IEE en Puebla)— otorgaría certeza legal irrefutable, devolvería el protagonismo cívico a los electores y reemplazaría la batalla mediática de encuestas por una auténtica contienda democrática en urnas.

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