El falso debate sobre el consumo de Canabis

Gerardo López Ramírez

El falso debate sobre el consumo de Canabis de la presidenta Claudia se basa en suposiciones sin fundamento, el argumento de no vincular consumo con capacidad de gobernar se sostiene en varios ejes:

• Distinción función pública vs. vida privada. El desempeño de un cargo debería evaluarse por resultados, decisiones y rendición de cuentas — no por hábitos personales legales o despenalizados, salvo que exista evidencia concreta de que afectan el ejercicio del cargo en un momento dado.
• Coherencia con la política de salud pública que el propio gobierno ha impulsado: si se sostiene que el consumo de cannabis debe abordarse desde la salud y no la criminalización, aplicar un doble rasero punitivo solo cuando se trata de una figura política resultaría contradictorio.
• Precedente histórico: el consumo de sustancias (alcohol, tabaco, ansiolíticos, incluso cannabis) entre jefes de Estado no es inusual y rara vez se ha correlacionado de forma comprobable con la calidad de sus decisiones de gobierno; el juicio suele construirse sobre resultados, no sobre hábitos.
• Riesgo de estigmatización como arma política: usar rumores de consumo —comprobados o no— como descalificación personal puede sustituir la crítica sustantiva de políticas públicas por un ataque a la reputación, algo especialmente delicado cuando se mezcla con especulación sobre salud mental.

La perspectiva contraria plantea que el estado físico y mental de quien encabeza el Ejecutivo sí es asunto de interés público, dado el peso de sus decisiones; bajo esa lógica, la transparencia sobre esto sería una garantía democrática más que una intromisión. Quienes cuestionan ese enfoque señalan que abre la puerta a una vigilancia invasiva y a estigmatizar un consumo que el propio Estado ya no criminaliza.

En síntesis: el caso a favor de separar consumo y capacidad se sostiene mejor cuando se enfoca en resultados verificables de gestión; casualmente este “rumor” se crea cuando en distintas encuestas colocan a la presidenta como la mandataria mejor evaluada del continente americano.

Ahora, nuestra obligación es criticar de dónde viene el rumor, combatir las noticia falsas y evaluar a cualquier gobernante sobre resultados, nunca sobre su vida privada.

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